Las flores de la abuela

Había una vez…

La abuela de Carlitos tenía el jardín más bonito de la ciudad. Todos los vecinos que pasaban por delante de su casa se quedaban asombrados, mirando la belleza que desprendían sus plantas.

Cuento infantil sobre la paciencia

Tenía flores amarillas, rojas y azules, ¡y de todos los colores! También había un pequeño árbol con un enorme tronco y, en una esquinita, al lado de un estanque, un pequeño huerto donde la abuela de Carlitos plantaba frutas y verduras según la época del año.

Un día, Carlitos le preguntó a su abuela:

— Abuela, ¿cómo puedo tener un jardín tan bonito como el tuyo? –

Su abuela sonrió y dijo:

— Oh, Carlitos, me alegro de que te guste tanto mi jardín. Te voy a regalar una semilla para que cultives tu primera planta. –

La abuela le dio a Carlitos una semilla pequeña, pequeña. Tan pequeña que casi no se veía.

— ¿Qué tengo que hacer? —preguntó Carlitos.

— Tienes que ponerla en una maceta con tierra, darle un poquito de agua cada día y tener mucha, mucha paciencia —dijo su abuela.

Carlitos se fue muy contento a casa. Puso la semilla en una maceta, le echó agua y se sentó a esperar.

— Ya está. ¿Dónde está mi flor? —dijo, extrañado al ver que no salía.

Al día siguiente, Carlitos se levantó muy temprano y corrió a mirar la maceta. Solo había tierra.

— ¡Esta semilla no funciona! —gritó enfadado.

Entonces, Carlitos pensó que quizás le había echado poca agua, así que se fue corriendo a llenar un cubo grande de agua y lo echó entero sobre la maceta.

—¡Choff! –

Cuando se lo contó a su abuela, no se lo podía creer.

—¡Ay, Carlitos! —dijo—. Así no. Si le echas todo el agua de golpe, la semilla se ahoga. Las flores necesitan tiempo, cariño y paciencia. –

Y le explicó que tenía que regarla un poquito cada día y darle mucho amor, y que, en cualquier momento, su pequeña flor empezaría a crecer.

Y así lo hizo. Cada mañana, Carlitos se levantaba, regaba su semilla con poca agua y le daba los buenos días.

Al cabo de una semana, Carlitos fue a regar su planta como todos los días cuando, de repente, vio una pequeña ramita verde que empezaba a asomar entre la tierra de la maceta. Corriendo, fue a llamar a su abuela para contárselo. Estaba muy emocionado.

— ¡Abuela, abuela! ¡Está creciendo! —gritaba.

La abuela sonrió.

—¿Ves? La paciencia siempre trae regalos. –

Carlitos siguió cuidando su plantita cada día hasta que, una mañana soleada, la plantita se abrió. Era una flor amarilla, grande y preciosa. Igual que las de su abuela.

Carlitos estaba tan orgulloso que llevó su flor amarilla al jardín de su abuela para que estuviera con las demás. Desde entonces, el jardín de la abuela lucía mucho más bonito gracias a la preciosa flor que Carlitos había cultivado con mucho amor, cariño y, sobre todo, con paciencia.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

***Cuento original escrito por habiaunavezuncuento.com

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