El Cochecito valiente

Habia una vez… un cochecito muy bonito que estaba siempre pensando en ganar una de las carreras que se hacían todos los meses en un gran circuito, donde multitud de espectadores se daban cita para disfrutar del espectáculo.

el cochecito

Para ello, el coche se entrenaba todos los días muy duro ya que lo demás coches competidores eran unos rivales difíciles de batir, ya que disponían de mecánicos muy experimentados que les ayudaban en todo lo que necesitaban.

El día de la carrera, nuestro cochecito se percató de algo extraño mientras paseaba por los talleres donde descansaban todos los demás coches antes del pistoletazo de salida. Los mecánicos estaban instalando unos motores que no estaban permitidos , ya que al utilizarlos se podían alcanzar grandes velocidades, pero el riesgo también era mayor.

Esto preocupaba al cochecito pero no llegó a desanimarlo. El sabía perfectamente lo que se había esforzado y tenía la convicción  de que tarde o temprano llegaría su momento.

Llegó el día de la carrera, el espectáculo que todo el público esperaba. Los coches estaban en sus puestos ante la línea de meta. La multitud gritaba animando a su coches preferidos mientras ondeaban banderas en señal de júbilo.

El cochecito estaba nervioso aunque confiaba al máximo en sus posibilidades, de repente, se encendieron las luces del semáforo. Luz roja, dos luces rojas…y LUZ VERDE!! La carrera comenzó y los coches aceleraron al máximo, levantando una nube de humo debido al contacto de las ruedas con el asfalto.

Carrera de coches

Todos aceleraron y se perdieron  en el horizonte, nuestro cochecito aceleró también y conseguía seguir a los demás aunque era difícil alcanzarles, se podía ver como intentaban adelantarse unos a otros. Nuestro amigo seguía a su ritmo sin desesperarse.

De hecho, los coches que tenia más cerca se intentaron chocar uno con el otro lo que terminó con los dos fuera de la pista sin poder seguir participando. Ya habían dado varias vueltas al circuito y nuestro cochecito, poco a poco, sin “hacer mucho ruido” se había colado entre los tres primeros. Estos coches le miraron y le dijeron:

Jamás conseguirás ganar una carrera, no usas nuestros motores ja! Además no conoces un atajo que hay en el circuito, llegaremos a la meta mucho antes que tu

En un instante, los coches desaparecieron de su vista. Nuestro coche decidió no rendirse y seguir avanzando aunque los demás hicieran trampas, sabía que era capaz de hacerlo, sólo necesitaba realizar un último esfuerzo.

Veía la meta ya a lo lejos, cuando, aparecieron los tres coches por un camino en el lateral de la pista . El público, al percatarse de esta fea jugada, comenzó a abuchearlos fuertemente, mientras animaban a nuestro campeón.

El cochecito sintió la fuerza del apoyo de la gente y aceleró de una manera que jamas había visto en su vida, los otros coches no se lo podían creer, le vieron pasar como un rayo mientras sus motores trucados flojeaban. Pasó por la meta el primero a una velocidad que nadie había alcanzado antes.

Nuestro protagonista estaba muy feliz. Había conseguido ganar sin hacer trampas, gracias a todo el esfuerzo dedicado. Mientras le daban el primer premio, la gente coreaba  su nombre y él, en ese preciso instante, descubrió que lo importante para ganar es esforzarse al máximo. Hacer trampas no lleva a ninguna parte y mucho menos a la meta 🙂

Escrito por habiaunavezuncuento.com

 

 

 

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