Los tres amigos

Los tres amigosHabía una vez…en un pueblo pequeñito dentro de un país muy muy lejano,  tres amigos que se juntaban todos los veranos, ya que sus padres habían vivido allí durante su infancia y solían volver al menos una vez al año ya que en parte lo añoraban. Estaba haciendo un verano extremadamente caluroso y las personas del lugar tenían que hacer toda clase de peripecias para mantenerse fresquitos.

Estos tres amigos tenían 10 años y se llamaban, Santi, Tomás y Samuel. Eran grandes amigos ya que llevaban prácticamente todos los veranos juntos así que eran inseparables. Las gentes del pueblo les veían pasar y exclamaban:

¡Ahí va el trío calavera! Que tramarán esos tres siempre juntos y riéndose…

Como era un pueblo muy pequeño no había muchas cosas que hacer, por ello, siempre estaban pensando en nuevas formas originales y divertidas de entretenerse. Aquel verano el tío de Santi les contó una historia que les dejó profundamente perplejos…

Había una cueva a las afueras del pueblo donde hace muchísimos años vivía un padre con su hija. El padre era muy protector con ella y no le dejaba salir nunca de allí entonces la niña se pasaba todo el día cantando  y se le podía oír en todas las calles del pueblo. Después de tantos años, se forjó la leyenda de que  si conseguías llegar a la cueva y entrar en lo más profundo de ella, todavía se escuchaba el canto de la chica…

Como se puede imaginar los tres amigos se miraron entre sí y aunque no hablaron, en sus cabezas se repetía el mismo pensamiento. ¡Tenemos que ir a esa cueva!

Al día siguiente salieron de casa muy pronto para emprender el camino hacia la cueva. Se equiparon con linternas y dos botellas de agua para estar lo más preparados posible. Sabían que no sería fácil llegar hasta allí pero su espíritu aventurero podía más que cualquier miedo.

Llevaban caminando bastante tiempo, el pueblo cada vez se hacía más pequeño a sus espaldas. Tenían que atravesar unas zonas bastante frondosas y a medida que avanzaban veían un majestuoso castillo en ruinas que sería de tiempos de la Edad Media, se sentían como verdaderos conquistadores.

De repente se toparon con el primer problema, para seguir avanzando tenían que saltar un precipicio con bastante altura cosa que a todos les daba bastante respeto.  Samuel decidido dijo:

Chicos, ahora o nunca. ¡Nosotros podemos hacer esto! Tenemos que llegar a esa cueva como sea.

Pegó un salto y cayó perfectamente sin hacerse ningún daño, sus amigos le aplaudieron sin parar. El siguiente en saltar fue Santi, que aunque no cayó tan bien como Samuel tampoco le ocurrió nada. Ya sólo faltaba Tomás, este estaba bastante dudoso ya que tenía miedo a las alturas, dese abajo, los otros dos amigos le gritaban:

¡Salta Tomás, no te preocupes, nosotros te cogemos! ¡No tengas miedo!

Tomás cerró los ojos y saltó sin pensárselo, con tanta decisión que, al caer se llevó por delante a sus dos amigos y rodaron cuesta abajo muchísimo terreno hasta llegar a la orilla de un río, de hecho, frenaron a punto de caer al agua. Cuando aterrizaron los tres se miraron, y sabiendo que estaban bien, se empezaron a reír a carcajadas.

Cuando dejaron de reír, de repente se dieron cuenta que estaban enfrente de la cueva, se quedaron boquiabiertos. Santi dijo.

Venga chicos este es nuestro momento entremos, ahora o nunca

 

la cueva de los tres amigos

Entraron sin titubear, se mantenían muy juntos ya que la cueva estaba muy oscura y estrecha, de hecho tenían que ir prácticamente a gatas para pasar. Avanzaron gracias a las linternas, se estaba muy fresquito dentro y el suelo estaba lleno de barro de arcilla mojado.

Aunque tenían miedo debido a la oscuridad seguían avanzando ya que necesitaban saber si de verdad se oiría a la niña cantar. De repente Samuel que iba delante dijo:

No habléis, creo que estoy oyendo algo…-Parecía que se oían como cuchicheos- Tomás enfoca ahí delate creo que hay algo.

Cuando Tomás enfocó, resulta que habían llegado al final de la cueva, y….estaba toda llena de murciélagos que al ser enfocados con la linterna comenzaron a volar. Los tres amigos gritaron al unísono mientras salían disparados fuera de la cueva

¡Ahhhhhh!

Cuando consiguieron salir empezaron a reír a carcajadas ya que a pesar de haber pasado algo de miedo y no haber oído a la niña cantar, tenían claro que había sido uno de los mejores días de su vida. Ese verano estarían recordando ese día sin parar…

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