El pequeño Diego y la llegada del Covid-19

La familia García vive en el centro de Madrid, una ciudad enorme, que rebosa vida, con calles inundadas de gente paseando; coches dirigiéndose  a cualquier lugar; grandes terrazas que ocupan las aceras y las plazas, mientras los músicos callejeros avivan el ritmo de los transeúntes y sus emblemáticos edificios iluminan el cielo. Es por eso, y por mucho más, que a Diego le encanta vivir en Madrid.

Diego tiene 8 años, es el hijo pequeño de la familia García. Tiene dos hermanos mayores, Nina de 16 y Marcos de 13. Viven con sus padres en la calle Lavapiés, una de las calles más conocidas de la capital.

Es una calle muy popular, sus bares siempre están llenos, sobre todo los fines de semana, aunque en Madrid, da igual que sea sábado o martes, ya que siempre hay gente gozando de la ciudad.

A Diego le encanta estar con sus hermanos y jugar con ellos, a veces acompaña a Nina a hacer algún recado, o juega con Marcos cuando le deja, ya que otras veces no le hacen mucho caso y es algo que a Diego le entristece.

La hora de cenar es su momento favorito del día, pues se juntan todos alrededor de la mesa, saboreando sus platos mientras hablan de sus cosas.

Un día pasó  algo que lo cambió todo, un virus llamado Covid-19, también conocido como Corona Virus, llegó al mundo, y se extendió por las calles de todas las ciudades, entre ellas, Madrid.

El mundo entró en estado de alarma, y para protegerlo, se tomó una decisión que cambiaría la vida de todas las personas: estar en cuarentena.

Todo el mundo tenía que estar en casa sin poder salir, de esa forma, se evitaría que la gente se contagiara y poder así frenar la enfermedad.

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Se cerraron los colegios, las tiendas, los bares, ¡incluso los parques! Y todos, desde los más mayores hasta los más pequeños, se metieron en sus casas durante muchas, muchas semanas.

El día a día de Diego cambió radicalmente. Ya no madrugaba para ir al colegio, ni jugaba con sus amigos en el recreo; tampoco iba a comer a casa de su abuela, ni al parque por las tardes. Ahora hacía los deberes en casa, el profesor los mandaba por email, y él se sentaba a hacerlos en la gran mesa del comedor, donde también estaba su madre trabajando con el ordenador, y así le podía ayudar cuando tuviera alguna duda.

Su padre, en cambio, trabajaba en otra habitación, y cada vez que podía se asomaba al salón a preguntarle a Diego si necesitaba ayuda con los deberes, pero Diego casi nunca se la pedía, ya que intentaba hacerlo solo para que sus padres pudieran terminar lo antes posible.

Sus hermanos también estudiaban en casa, a veces se cansaban de estar metidos en sus habitaciones, y se iban al comedor a terminar sus tareas junto con Diego y su madre.

Un día cualquiera, de los muchos que estuvieron así, el padre de Diego terminó pronto de trabajar y salió a jugar con Diego, que se encontraba sentado junto a su madre. Marcos estaba en el sofá viendo la tele, y Nina a su lado con el móvil. Entonces Diego y sus padres se levantaron y se sentaron junto a ellos.

– “¿Qué ves?” – preguntó el padre a su hijo Marcos, interesándose por lo que estaba haciendo.

– “Nada en especial” – Contestó Marcos.

-“Pues veamos una película todos juntos, ¿os apetece?”

-“¡Si!” – contestaron todos casi al unísono – “¡Esperad! Voy a hacer palomitas!” – exclamó Nina ante el asombro de sus padres.

En ese momento, Diego miró a su alrededor y se llenó de alegría al ver que estaban todos juntos. Nina había soltado el móvil y sin darse cuenta se había apoyado ligeramente en su hermano Marcos para ver la película. Al lado estaba su madre, que acariciaba el pelo de Nina mientras ésta observaba atentamente la pantalla, y Diego estaba sentado junto a su padre, que se encontraba reclinado hacia atrás en la esquina del sofá.

Una preciosa imagen que a Diego se le quedaría grabada para siempre, pues a pesar de lo difícil que había sido cambiar de rutina y no poder salir de casa, ahora la familia estaba más unida que nunca y todos habían empezado a valorar lo importante que es tenerse los unos a los otros y no desaprovecharlo.

Aunque Diego echaba de menos a sus abuelos, a sus primos, a sus amigos del cole… sabía que esa lucha contra el virus era solo temporal, y que lo hacían por el bien de todos, y que a cambio, la vida le estaba regalando lo más importante: disfrutar de su familia.

Así que tras mirar de reojo a su familia, sonrió, y dirigió la vista hacia la pantalla de la televisión con una de las sonrisas mas grandes que jamás hayáis podido imaginar.

Cuento original escrito por habiaunavezuncuento.com 

Imagen original de freepik.es

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